SURVIVORNET 
JUAN 17:15 



      "El Padre y Yo Somos Uno"

      "ESTE ES MI HIJO AMADO"         


    "En quien tengo mucha alegría"   

 "Yeshua les envió el Espiritu Santo"

      "Vibraba sobre las aguas"

"Y el Espiritu de Dios Vibraba sobre las haz de las aguas"

        Vemos la imagen de Dios.

            ¡Lazzaro levantate!
 ¡Les puso columna de fuego!

    El Espiritu Santo reposó sobre           Yeshua en forma de paloma,            cuando Juan el Bautista lo bautizó.
        Los siete Espíritus de YHVH.

        Jesus entra a Jerusalem
Hoy hay tecnologia para escuchar los gemidos de la Tierra, en las profundidades de la corteza terrestre.

 
El Espiritu Santo Es Un Soplo, un Viento Suave y Preciso. Lleno de Poder.
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 Cuando la escritura describe el Trono de YHVH, siempre describe a YHVH y a Nuestro Señor Yeshua. Dos Personas, no tres.

318 Obispos atendieron el Concilio de Nicea en el año 325 DC.  Tomó fuerza desde ese momento la persecución sistemática de los Judíos dentro y fuera de la Iglesia Cristiana, ahora dentro del imperio romano, bajo Constantino el Grande, emperador del Sol, en ROMA.

 

306dc: El Sínodo de la Iglesia de Elvira prohibió matrimonios, relaciones intimas y contacto comunitario entre Cristianos Y Judíos.

 

315dc: Constantino publicó el Edicto de Milán, el cuál extendía tolerancia religiosa hacia Cristianos. Los Judíos perdieron muchos derechos con este edicto. No les fue permitido vivir en Jerusalén, o hacer proselitismo.

 

325dc: El Concilio de Nicea decidió separar la celebración de la Pascua Cristiana (llamada “Easter”, nombre derivado de EAOSTRE) de la celebración del “Passover” Judío. 

 

Ellos declararon que: “Es impropio sobremanera que en este dia santísimo (“Easter”) nosotros sigamos las costumbres de los Judíos. 

 

Por esta razón, no tengamos nosotros nada en común con esta gente odiosa… No debemos entonces tener nada en común con los Judíos…

 

 Nuestra adoración sigue un…curso mas conveniente… por lo cual amados hermanos, deseamos separarnos de la compañía detestable de los Judíos… 

 

¿Cómo podríamos seguir entonces a estos Judíos, quienes ciertamente están cegados?

 

337dc: El Emperador Cristiano Constantino creó una ley haciendo el casamiento entre un hombre Judío y una mujer cristiana, castigable con la muerte.

339dc: Es una ofensa criminal cuando un cristiano se convierte al Judaísmo.

 

343-381dc: El sínodo Laodicense aprobó el Canon XXXVIII: “Es ilegal [a los cristianos] el aceptar pan sin levadura de los Judíos, ni ser partícipes de su impiedad.

 

367 – 376dc: Hilary de Poitiers se refirió de los Judíos como una gente perversa a quién Dios maldijo para siempre. {Ephroem} se refirió a las sinagogas como burdeles. 

 

379-395: El Emperador “Teodosio el Grande” permitió la destrucción de sinagogas, si servía algún propósito religioso. La cristiandad vino a ser la religión del estado romano desde este momento.

 

380dc: El Obispo de Milán fue el responsable de la quema de una sinagoga; el se refirió a esto como “Un acto que agrada a Dios”. 

 

415dc: El Obispo de Aljendría, {Cirilo}, expulsó a los Judíos de aquella ciudad.

 

415dc: {Agustín} escribió: “La verdadera imagen de un Hebreo es Judas Iscariote, quién vendió al señor por plata. Un Judío nunca podrá entender las escrituras y para siempre cargará con la culpa de la muerte de Jesús”.

 

418dc: {Jerónimo}, quién creó la traducción “Vulgata” de la Biblia escribió sobre una sinagoga: “Si la llamas un burdel, un antro de vicio, un refugio del diablo, la fortaleza de Satanás, un sitio para depravar el alma, un abismo con todos los desastres imaginables, y más aún, usted todavía estaría llamándola mucho menos de lo que se merece”.

 

* Este registro historico continua hasta el presente, hoy es su responsabilidad verificar la historia.

 

 

 Constantino fue un gran general romano antes de ser Emperador.


 El Dios de los Babilonios y Filisteos; Dagón. Los sacerdotes se vestían como un pez y usaban una Mitra como  la boca del Dios amfibio.
 
Ver ; Jueces 16:23, 1 Samuel 5:2-7,        y 1 Crónicas 1:10 


Cualquier similitúd es pura coincidencia.



 
En el nombre de Dios........

Y ese amor que los une a ustedes dos es obviamente un sentimiento de dulzura tal que ninguno de los dos haría nada, ni voluntaria ni involuntariamente, que pudiera lastimar al otro. 

Y aunque tú eres el Dios Omnipotente, y tú lo creaste y lo coronaste de gloria, y le diste el Reino para que todos los pueblos, tribus, lenguas y naciones, y hasta los ángeles y los arcángeles, y todo cuanto existe le sirva, tú eres hacia él, y así él lo afirma categóricamente, su Padre y su Dios.

Tú lo engendraste como espíritu y lo convertiste en hombre y él, como hijo sublime, se deleita en hacer todo lo que tú quieres que haga. 

Y, ¿qué regocijo mayor has tenido tú? Y, ¿habrá tenido él regocijo mayor que saber cuán feliz te hace a ti su conducta? 

Precisamente, cuando medito en estas fases del ministerio de Jesús, es que puedo comprender bien el alcance de sus palabras: 

"El Padre y yo somos uno". 

Pienso y me pregunto si la verdadera raíz de todo el error de los propulsores de la Doctrina de la Trinidad consiste en que no han comprendido el alcance del amor que tú le tienes a Jesús y el que él te tiene a ti. 

Y ese amor tan grande y tan sublime entre ustedes dos es también grande y sublime hacia los Apóstoles y hacia todos los que lo recibieron a él, que le diste a Jesús que no los dejara solos. 

Pues cuando Jesús estaba preparando a los Apóstoles debido a su regreso inminente a ti, les dijo que él enviaría de parte tuya el Espíritu Santo, el cual los consolaría, los guiaría a toda la Verdad, y hasta respondería por ellos en enfrentamientos con el enemigo. 

Pero recuerdo que a varios santos varones tú les hiciste ver tu trono y no vieron allí a tres, sino a dos.  Y he pensado muchas cosas. 

Me gustaría hacer un recuento y unas observaciones: 

Mira, Padre, esos señores trinitarios alegan que el Espíritu Santo es una persona más, además de ti y tu Hijo, constituyendo la Deidad. 

Presentan como argumentos que cuando Jesús lo describió en esa ocasión, hace alusión a él como ejecutando acciones que solamente una persona puede efectuar: hablaría, consolaría, recordaría y otras acciones más. 

También traen a colación que cuando Jesús ordenó bautizar a los creyentes, instruyó que se hiciera en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, dando la impresión de que se refiere a tres personas distintas. 

Pero es muy significativo el hecho de que en la primera mención que hace tu Palabra acerca del Espíritu Santo no dé la impresión de que sea una persona aparte de ti, sino de que eres tú mismo. 

Dice: "El Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas". Esta expresión" se movía" , más bien que moverse conlleva la idea de "vibraba"

Esto como que traslada a mi pensamiento una connotación de energía inteligente, como si fuera una proyección de tu persona, pero con autonomía, con libertad de acción. 

No mucho tiempo después haces una declaración en que lo muestras negándose a soportar indefinidamente la irreverencia de los hombres. 

Y en el trato con tu pueblo Israel aparece efectuando maravillas, como resucitando muertos, sanando enfermos, trayendo a David al razonamiento correcto luego de una grave indisciplina, rogándote que mantengas tu Espíritu sobre él

Hallamos promesas de que tu pueblo se volverá a ti porque tú derramarás tu Espíritu sobre sus habitantes. Hallamos la sublime profecía de que tu Hijo sería ungido con el Espíritu Santo para poder efectuar el ministerio de la reconciliación y de la salvación. 

Se lo muestras a Juan como paloma posándose sobre tu Hijo, y actuando dulcemente sobre él, dándole que hable con precisión exacta necesaria para realizar maravillas. 

Y Jesús resucitando lo da a los Apóstoles soplándolo sobre ellos. 

Posterior al regreso de Jesús de vuelta a tu derecha, tú derramas según tu promesa, tu Espíritu Santo sobre los presentes en el Aposento Alto y les da que hablen en lenguas que ellos no conocían para indoctrinar en la Verdad a gentes de naciones remotas.

Lo hemos oído gemir ante el lamento amargo por nuestras adversidades y nos ha hablado diciéndonos del paso acertado a dar. 

Alegan los señores trinitarios que el Espíritu Santo es una persona porque efectúa diversas actividades propias de una persona: habla, oye, gime. 

Es claro que una Persona tiene que estar de por el medio para que pueda haber, digamos, una voz distintiva, pero no necesariamente una persona aparte de ti, pues tú puedes proyectar de "los siete espíritus" tuyos con poder inmenso al infinito y realizar tu voluntad allá. 

Esto me recuerda que cuando Jesús entraba en Jerusalén en lo que los estudiosos llaman su "entrada triunfal" a la Ciudad Santa, unos líderes religiosos se indignaron al ver a los discípulos de Jesús que, llenos de regocijo, lo alababan como "el Rey que viene en el nombre del Señor", o sea, en tu Nombre. 

Y le pidieron a Jesús que los reprendiera, pero él les respondió que si ellos los discípulos callaban, las piedras habrían de clamar. Yo le doy a estas expresiones de Jesús un sentido literal: ¿cómo habrían clamado las piedras? 

Por un fenómeno electrónico yo oí la tierra debajo de mis pies cantar por un rato largo. Para ti nada hay imposible, Padre. Así, tú habrías proyectado tus poderes para mostrar que lo que estaba sucediendo en la ciudad de Jerusalén eran sencillamente manifestaciones de tu determinación irrevocable e inescapable de glorificar tu Santo Nombre ante toda la Creación. 

Es claro que para que unas piedras clamaran, tenía que haber una intervención y una acción del Espíritu Santo. Pero eso no es prueba de que el Espíritu Santo sea una persona aparte de ti, como Jesús sí lo es. 

Y todos sus actos son exactamente la voluntad tuya: hace todo aquello que redunda en la unificación del pensamiento de todos los que te sirven. 

Entonces, si tú estás en tu trono, y Jesús está sentado a tu diestra, el Espíritu Santo está diseminado, usando el término bíblico, derramado, por todo el planeta que tú has dado a los hombres como su morada haciendo morada en la mente de todos los santos para glorificar a Jesús para que él te glorifique a ti al llevar a todo pensamiento 

A poseer paz y conocimiento de ti. ¿Cómo puede el Espíritu Santo efectuar una obra tan portentosa, habitar a la misma vez en tantas personas? ¿Es razonable pensar que una persona se pueda derramar? 

Si Jesús dio el Espíritu Santo a sus Apóstoles soplándolo hacia ellos, y si la palabra "espíritu" significa soplo, y si el Espíritu Santo es derramado, no como un líquido que llega a lugares no deseados al ser derramado, sino con una precisión infalible: sobre un grupo o una multitud de personas en el Pentecostés se posó simultáneamente sobre ciento veinte personas yendo a habitar en estado consciente en los escogidos tuyos, diseminados en todas partes del mundo en todo tiempo, y si aquellos a quienes tú les diste una visión de tu trono vieron solamente a dos, a ti y a Jesús, ¿hay base para afirmar que él es una persona aparte de ti y de Jesús, a la misma vez formando con ustedes dos los tres juntos a la vez un ente unitario compuesto de tres personas, iguales los tres en gloria, en poder y en eternidad? 

Además de estos puntos de vista, podemos también preguntar sobre la declaración de "porción doble" de tu Espíritu de que hace mención Eliseo. 

Esto nos deja ver que los profetas no tuvieron el concepto de persona, sino como de energía espiritual de soplo por decirlo así, cuando se referían al Espíritu Santo. 

O, ¿se atrevería alguien a afirmar que hay dos clases de espíritu procedentes de ti para morar en tus escogidos, uno para los profetas y otro para los seguidores de tu Hijo? 

Toda tu Palabra muestra que es el mismo Espíritu Santo, antes, durante y después del ministerio de Jesús. 

Padre, tú sabes que los que hemos dedicado nuestra vida al estudio de esta materia, a pesar de toda la información que tú has suplido en tu Libro Santo, y a pesar de tantos bienes que tú nos has proporcionado para su estudio, hemos tenido grandes dificultades para poder ver claramente el panorama de la majestad tuya, tu estructura personal. 

Somos débiles en conformidad con la debilidad que Adam caído nos transmitió, pero ahora nos estamos recuperando por tu gracia. Y, según tus promesas, un día no lejano tú nos harás perfectos y nos llevarás a tu presencia, y entonces te podremos ver en toda tu gloria, como tú eres. 

Esas dificultades para ver con los ojos del entendimiento la forma en que tú estás constituido se van disipando a medida que el Espíritu Santo nos traslada mentalmente a tu presencia, y nos recuerda tus declaraciones escritas a ese efecto por los profetas, y las declaraciones de Jesús registradas en los Evangelios y en el resto de tu Palabra escrita. 

Líbrame, Padre, de hablar con autoridad de cosas tuyas que tú no nos hayas revelado, de secretos que tú tienes guardados en tu privacidad. 

Cuando los obispos y otros estudiosos comenzaron a altercar respecto a tu constitución personal por allá por el segundo siglo introdujeron conceptos trinitarios en la doctrina cristiana creyendo que hacían lo correcto. 

Y a principios del siglo cuarto ya los altercados fueron tan graves y el número de los creyentes había crecido tanto que las autoridades políticas de este mundo, a quienes tú nunca diste autoridad para dirimir cuestiones doctrinales cristianas, se creyeron investidos de esa autoridad y se apoderaron de la comunidad de los creyentes, y, por tanto, de la doctrina cristiana en general, pretendiendo que podían decir qué era correcto y qué no lo era en asuntos de fe. 

Esto les fue facilitado por unos obispos cuyo conocimiento de ti era muy limitado, y quienes veían en esto una oportunidad para ganarse el favor de los gobernantes, buscando evitar la persecución y lograr una posición social distinguida y una condición económica holgada. 

Los que se inclinaban a pensar y a actuar así evidentemente que no fueron todos, pues hubo muchos que protestaron enérgicamente contra los primeros, pero finalmente, estos prevalecieron. 

Obispos y teólogos se creyeron en lo correcto, cuando meditando en las declaraciones de Jesús y de los Apóstoles, hacían unas conjeturas que pretendían que eran inferencias razonables, 

A veces opuestas entre sí, que alegaban, unos, la existencia de dos naturalezas en Jesús: Dios Omnipotente y hombre y, otros, una sola naturaleza. 

Es extraño que no pretendieran que Jesús estuviera compuesto de cuatro naturalezas o seres presentes en su estructura: Padre, Hijo, Espíritu Santo y hombre. 

Pero en su afán por dar cada uno la última palabra, pasaban por alto el mandamiento de "Amaos los unos a los otros", y, más bien, se anatematizaban uno a otro, citaban concilios para institucionalizar sus discrepancias, terminando a menudo refiriéndose unos a otros como "impíos", "herejes", "enemigos de Cristo". 

Y hubo veces en que los representantes del Emperador, al ser enviados por éste a representarlo en las discusiones sobre los puntos en disputa entre obispos, ya llevaban el decreto del Emperador, quien con solamente una noción elemental de la controversia, ya había tomado una postura, sin saber, ni él ni sus diputados, cómo habrían de desarrollarse las conversaciones, ni qué giros podían tomar las mismas, y pretendiendo cada cual tener autoridad para deponer al otro de su puesto de obispo o sobreveedor de su congregación a quien la Escritura señala como puesto en tal lugar por el Espíritu Santo. 

Estos actos tan opuestos a tu amor y a tus principios se pretendían hacer en tu Nombre y en el de tu Hijo Cristo Jesús. 

Y en múltiples ocasiones, luego de que el Cristianismo fuera declarado por el Emperador romano como la religión oficial del Imperio, y de que se confiriera y reconociera primacía espiritual y administrativa al obispo de Roma, apelaron a la autoridad del Emperador para que decretara juicios y diera la última palabra en esas controversias y en múltiples asuntos de fe, llegando los que tenían arraigo con el Emperador, a conseguir que éste desterrara a quien, en este campo preciso, no hubiera conseguido la aprobación imperial. 

Y los gobernantes eran todos paganos, practicantes de toda clase de idolatría, por lo cual metieron en la Iglesia a sus dioses con todos sus ritos, sus símbolos y sus festividades. 

Y los obispos no tuvieron el celo necesario por la pureza de la adoración, y permitieron que la fe que tú diste una vez a los santos, fuera malamente contaminada. y así ha permanecido hasta el día de hoy. Fue en este contexto histórico y ese el panorama que propiciaron la asociación entre políticos y líderes religiosos que permitió la introducción de la Doctrina de la Trinidad en la Iglesia. 

Pero no estaba todo perdido, pues allí mismo hubo fieles íntegros e irreprensibles que exaltaron tus criterios por encima de todo otro criterio. y los hubo en todo tiempo. Entiendo que tú nunca estuviste sin esa clase de representantes que nunca se inclinaron ante Dagón, el gran dios-pez que la Iglesia entronizó sobre la cabeza de cada obispo, ni ante Tammuz colocado sobre el pecho de los obispos, ni ante Apolo elevado al altar de muchas iglesias. 

En oposición a los santos, algunos de los que se aferraban a la Doctrina de la Trinidad fueron hasta extremos verdaderamente espantosos: 

Los extirpaban de la faz de la Tierra. 
Los quemaban. 

Fue que, tal y como los gobernantes se tomaron atribuciones que tú nunca les diste esto de imponer sus criterios en asuntos de fe los dirigentes de la Iglesia se tomaron la potestad que tú diste solamente a tu Hijo: dictar juicio. 

Y creyeron que podían destruir a todo aquel que no estaba de acuerdo con ellos. 

Y esa actitud perdura hasta el día de hoy, después de tanto tiempo y de tanto estudio de tu Palabra, todo como consecuencia de permitir la introducción en la Iglesia de conceptos ajenos a tu Palabra y opuestos a ella. 

Recuerdo que no hace mucho tiempo, un pastor de mucha experiencia y tenido por muy eminente en una Congregación a que yo asistía, se disgustó sobremanera porque yo le respondí a una pregunta suya muy improcedente, diciéndole que si íbamos a pensar de acuerdo con la respuesta forzada que él quería recibir, era pertinente echar tu Palabra en la basura. 

Me arrepiento de haberle respondido temerariamente, pues lo correcto habría sido decir la verdad con toda integridad, pero con profundo respeto y comedimiento.

Pero aquel señor se enfureció y me recriminó de manera muy violenta, no por haberle respondido como lo hice, sino por no razonar como él y los teólogos humanistas, que están empeñados en exaltar los criterios humanos por encima de tus criterios. 

Negó rotundamente muchos de los fundamentos del Evangelio y condenó abiertamente a quienquiera que fuera que pensara distinto a él, mostrando en su rostro y en su ánimo enardecidos en sumo grado que su mentalidad no distaba mucho de la de los perseguidores trinitarios. 

En otra ocasión, bastante reciente también, otro pastor de vasto academicismo, en una serie de conferencias en torno a la Doctrina de la Trinidad citaba, como si estuviera citando un pasaje fidedigno y legítimo de tu Palabra, una declaración que 
 
EN CONSTRUCCION, CONTINUARA......PRONTO